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El James Webb demuestra que la formación de planetas es una carrera contrarreloj
La formación de planetas tiene un enemigo silencioso: el tiempo. Un equipo internacional liderado por la Universidad de Arizona ha utilizado el telescopio espacial James Webb para estudiar 72 estrellas jóvenes similares al Sol y ha llegado a una conclusión que cambia las reglas del juego: el gas que sirve de materia prima para construir mundos se escapa de los discos protoplanetarios antes de lo que muchos modelos preveían, y la ventana para formar planetas gigantes se cierra mucho antes de lo que se creía.
El trabajo, publicado el 25 de agosto de 2026 en The Astronomical Journal, es una de las investigaciones más extensas realizadas hasta la fecha con el James Webb sobre cómo se disipa el material que rodea a las estrellas recién nacidas. Y su mensaje central es tan simple como inquietante: cuando el gas desaparece, la oportunidad de crear planetas ricos en gas como Júpiter desaparece con él.
lightbulb Las claves del estudio
travel_explore 72 estrellas jóvenes bajo la lupa del MIRI
Los discos protoplanetarios son las guarderías del universo: enormes discos de gas y polvo que envuelven a las estrellas recién nacidas y dentro de los cuales se aglutinan los planetesimales que acabarán convertidos en planetas. El problema es que esa materia prima no dura para siempre. Los astrónomos sabían que los discos empiezan con una masa de gas unas cien veces mayor que la de los sólidos, pero la gran pregunta seguía abierta: ¿cuándo y cómo abandona ese gas el sistema?
Para responderla, el equipo dirigido por Naman Bajaj, del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, utilizó el instrumento de infrarrojo medio MIRI del James Webb para rastrear el hidrógeno molecular —una de las moléculas más abundantes de los discos— en 72 estrellas jóvenes de tipo solar. Cada estrella representa una etapa distinta de la infancia de un sistema planetario, de modo que, al unir todas las instantáneas, los investigadores han podido componer algo parecido a una película de la vida temprana de un sistema planetario.
schedule El reloj fundamental
"La dispersión del disco marca un reloj fundamental para la formación de planetas: una vez que el gas se ha ido, la oportunidad de construir planetas ricos en gas se acaba", explica Uma Gorti, del Instituto SETI y coautora del estudio. Los gigantes gaseosos como Júpiter deben reunir sus enormes atmósferas mientras el disco aún es lo bastante sustancioso para abastecerlos, antes de que los vientos y los chorros se lleven esa materia prima al espacio.
Este tipo de hallazgos conecta directamente con otras fronteras que el James Webb y los grandes observatorios están abriendo, como la búsqueda de señales de vida antigua en Marte: entender cuánto tarda en formarse un planeta rocoso habitable es el primer paso para saber dónde conviene buscar.
bar_chart Cómo se vacía un disco protoplanetario: dos mecanismos, un mismo final
Uno de los resultados más importantes del estudio es que no existe un único proceso que vacíe los discos de formación planetaria. Los mecanismos que expulsan el gas cambian de dominio a medida que la estrella envejece. Al principio, cuando el disco es denso, mandan los poderosos chorros y vientos impulsados por los campos magnéticos que atraviesan el disco. Más tarde, cuando el disco se adelgaza y la luz estelar lo atraviesa con más facilidad, esos vientos se debilitan y toma el relevo la fotoevaporación: la radiación de alta energía de la estrella joven ioniza el gas y lo sopla hacia el exterior.
Las dos fases de la dispersión del gas
| Fase del disco | Mecanismo dominante | Consecuencia para la formación de planetas |
|---|---|---|
| Temprana (disco denso) | Chorros y vientos magnéticos | Pérdida intensa de gas mientras los gigantes gaseosos intentan reunir sus atmósferas |
| Tardía (disco adelgazado) | Fotoevaporación por radiación estelar | El gas restante se ioniza y escapa; se cierra la ventana de los planetas gaseosos |
| Final (disco disperso) | Solo quedan sólidos: planetesimales y polvo | Únicamente pueden seguir creciendo planetas rocosos por colisión de cuerpos sólidos |
Esta secuencia explica algo que los astrónomos llevaban tiempo intuyendo: algunos tipos de planetas ven cómo su ventana de formación se cierra antes que otros. Los gigantes gaseosos necesitan acumular gas a toda velocidad en la fase temprana, mientras que los mundos rocosos como la Tierra —que se ensamblan a partir de sólidos— pueden seguir creciendo incluso después de que el disco haya perdido su gas. El próximo paso del equipo será medir cuánta materia desplaza exactamente cada mecanismo y en qué regiones del disco actúa, para construir un modelo que prediga con precisión cuándo se apaga la fábrica de planetas alrededor de una estrella.
blur_on T Cha: el disco que se desvanece en directo
El trabajo sobre las 72 estrellas no llega solo. En una investigación paralela del mismo grupo, también publicada en el entorno de The Astronomical Journal, el James Webb ha logrado fotografiar por primera vez el viento de un disco que abandona lentamente el sistema de T Cha, una estrella joven envuelta por un disco en erosión con un enorme hueco de polvo de unas 30 unidades astronómicas (30 veces la distancia Tierra-Sol).
Para captarlo, los astrónomos se fijaron en la luz emitida por gases nobles ionizados —neón y argón—, una auténtica huella química del viento. Las observaciones marcan además la primera detección de argón doblemente ionizado en un disco de formación planetaria. Las simulaciones dirigidas por Andrew Sellek, de la Universidad de Leiden, indican que el disco de T Cha pierde cada año una cantidad de gas equivalente a la masa de la Luna.
auto_awesome Un cambio visible en apenas 17 años
Quizá lo más fascinante de T Cha es su ritmo. El espectro captado por el James Webb no coincide con el que obtuvo el telescopio Spitzer hace 17 años: el disco interior ha perdido masa en menos de dos décadas, un parpadeo en escalas astronómicas. Como apunta Chengyan Xie, doctorando que lidera esta línea de trabajo, podríamos llegar a presenciar la dispersión completa del polvo del disco interior de T Cha dentro de nuestra propia vida.
El proyecto, con Ilaria Pascucci —pionera en identificar el neón como trazador de vientos de disco con el extinto telescopio Spitzer— como investigadora principal, demuestra que el James Webb no solo fotografía el pasado remoto del universo: también documenta procesos que ocurren ante nuestros ojos, en tiempo casi humano.
task_alt Lo que la carrera contrarreloj del James Webb dice de nuestro sistema solar
Todo esto no es solo astrofísica de laboratorio: es nuestra propia biografía. El sistema solar se formó hace unos 4.600 millones de años a partir de un disco exactamente así, y saber cómo se disipan esos discos ayuda a explicar por qué nació con muchos más planetas pequeños que gigantes, y por qué Júpiter tuvo que darse prisa. La formación de planetas, confirmamos ahora gracias al James Webb, fue una carrera contrarreloj también aquí.
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ondemand_video Vídeo: Breakthrough: Webb Uncovers Cosmic Winds Shaping Planetary Systems · Ver en YouTube
timeline El camino a seguir
El equipo quiere ahora cuantificar cuánto gas retira cada mecanismo y en qué zonas del disco, para predecir con exactitud cuánto dura la ventana de formación de cada tipo de planeta. Si el James Webb sigue a este ritmo, la próxima década nos dará el primer manual completo de cómo se construye un sistema planetario. ¿Responderá también a la pregunta de por qué el nuestro acabó teniendo una Tierra habitable?
Si te fascina lo que los grandes telescopios están revelando sobre el cosmos, no te pierdas cómo se descubrió la corona de un agujero negro ni las últimas pistas sobre vida antigua en Marte: la formación de planetas es solo el primer capítulo de la historia.
