Si alguna vez has visto una película de terror donde alguien corta un brazo o una pierna y el miembro cortado sigue moviéndose por su cuenta... bueno, resulta que la naturaleza ya inventó eso. Y es más raro de lo que parece.
No estamos hablando de fantasmas ni de ciencia ficción barata. Estamos hablando de un pepino de mar del Atlántico Norte que, cuando le cortas un trocito de tejido, ese trocito no se muere. Se queda ahí,viviendo, sanando, creciendo. Durante años.
Así, sin más. Sin condiciones de laboratorio, sin esterilidad, sin nutrientes añadidos. Solo agua de mar normal y corriente y la voluntad de seguir existiendo.
De qué va esto
Un equipo de científicos de Harvard, el Bigelow Laboratory y la Universidad Memorial de Newfoundland acaba de publicar un hallazgo que cambia lo que creíamos saber sobre los límites de la vida celular. Y lo encontraron casi por casualidad.
water Psolus fabricii: el pepino de mar que no debería existir
El protagonista de esta historia se llama Psolus fabricii. Es un pepino de mar de aguas frías que vive en el Atlántico Norte y el Océano Ártico. Sí, ya sé lo que estás pensando: los pepinos de mar son esos bichejos gelatinosos que parecen salchichas con pelo en el fondo del mar. No son precisamente los animales más sexys del océano.
Pero este tiene algo especial. Los equinodermos —el grupo que incluye a los pepinos de mar, las estrellas de mar y los erizos— son conocidos desde hace tiempo por su capacidad para regenerarse. Si pierde un tentáculo, le crece otro. Si le arrancan los intestinos, los sustituye. Vamos, que tienen cierta facilidad para recuperarse de accidentes.
Pero siempre se había asumido que el tejido que se pierde... pues eso, que se perdía. Que se descomponía, que se convertía en comida para las bacterias y listo. Nadie se había parado a pensar qué pasaba con esos trocitos después de ser separados del cuerpo.
Hasta ahora.
Lo que sabemos de los equinodermos
Los pepinos de mar pueden expulsar sus órganos digestivos como mecanismo de defensa para distraer a los depredadores. Algunas especies incluso se reproducen asexualmente, dividiéndose en dos partes que cada una regenera en un organismo completo. Pero la "inmortalidad tisular"? Eso no lo había visto nadie.
movie Los 'zombis' de la vida real
El descubrimiento fue accidental, como suele pasar con los mejores hallazgos científicos. Los investigadores del Bigelow Laboratory trabajan pegados a la costa y pueden mantener animales vivos en sus tanques. Cuando necesitaban un pepino de mar para algún experimento, lo sacaban del tanque.
El problema es que algunos pepinos de mar se aferran con mucha fuerza al fondo del tanque o al cristal del acuario. Cuando el investigador sacaba al animal, algunos de sus pies ambulacrales —las ventosas que usan para moverse— se quedaban pegados al cristal.
Eso es normal. Los pepinos de mar pueden soltar partes de su cuerpo cuando están bajo estrés o bajo ataque de un depredador. Luego les crecen de nuevo sin problema.
Lo que no era normal es lo que pasó después.
Palabras de Sara Jobson
"Nos dimos cuenta de que los tejidos seguían ahí después de un par de días, luego semanas, luego meses, y seguían ahí. Estaban sanando, y incluso crecieron un poco. Estaban sobreviviendo en su entorno natural."
Los investigadores empezaron a llamar a estos tejidos "nuestros zombis", porque parecen estar en el límite entre vivos y muertos. No se convierten en un organismo nuevo completo —ese proceso de "brotación" sí ocurre en algunas especies de pepinos de mar—, pero tampoco mueren. Se mantienen como una entidad propia que mantiene la función celular, sin ser un individuo reproductor.
history Tres años y siguen vivos
Para entender mejor qué estaba pasando, los investigadores hicieron algo que puede sonar un poco macabro pero que es perfectamente ético: cortaron trozos de tejido de los pies, del cuerpo principal y de los tentáculos de tres ejemplares de Psolus fabricii. Los pusieron en agua de mar corriente y observaron.
El resultado fue espectacular.
Los trozos de tejido no solo no se murieron: se cerraron las heridas por sí solos, las células se diversificaron, hubo actividad inmunitaria, reorganización tisular... Y todo esto pasó en agua de mar natural, no en condiciones de laboratorio estériles.
+3 años
y seguían activos cuando publicaron
Varios
epidérmico, conectivo, neural, muscular
El proceso
En los primeros dos días, cada trozo separado shedó el tejido dañado en el borde del corte. Para el sexto día, el tejido sano circundante se había curvado hacia dentro para sellar completamente la herida. Los investigadores llamaron a estos tejidos supervivientes "LiPfe" (living immortal P. fabricii explants, o explantos vivos inmortales de P. fabricii).
"Según podemos decir, no había ningún signo de muerte, degradación o necrosis", explica Sara Jobson, autora principal del estudio. "Parecía que podía seguir para siempre. Solo tuvimos que parar en algún momento y publicar los resultados."
restaurant Cómo sobreviven sin boca ni intestinos
Aquí es donde la cosa se pone todavía más rara. Los trozos de tejido no tenían boca. Ni intestinos. Nada de eso. Absolutamente nada que se pareciera a un sistema digestivo.
Entonces, ¿de qué se alimentaban?
Resulta que las células eran capaces de absorber aminoácidos disueltos directamente del agua de mar. Literalmente se alimentaban a través de la piel. Sin tragar, sin digerir, sin nada. Solo absorbiendo lo que encontraban en el agua.
Los tejidos también seguían moviéndose y respondiendo a estímulos. Cuando los investigadores los tocaban, reaccionaban. Seguían siendo tejidos vivos que hacían cosas de tejidos vivos.
El símil del lagarto
Rachel Sipler, líder del estudio, lo explica así: "Es como un lagarto que pierde la cola. Sabemos que algunos lagartos pueden regenerar la cola; la cuestión es si la cola puede regenerar un nuevo lagarto." Bueno, pues en este caso, la cola no solo no se muere: se queda ahí, viva, creciendo y alimentándose por su cuenta.
help ¿Por qué solo este pepino de mar?
Para asegurarse de que no estaban ante algo general, los investigadores hicieron el mismo experimento con tejido de otras especies: dos tipos de estrellas de mar, un erizo de mar, dos especies más de pepinos de mar y una ofiura.
¿El resultado? Todas las demás especies cerraron sus heridas en la primera semana. Pero ninguna sobrevivió a largo plazo. El tejido que más tiempo duró fue el de una ofiura: 104 días. Después, se desintegró.
Solo el Psolus fabricii era capaz de mantener su tejido vivo durante años. ¿Por qué?
Los investigadores tienen una hipótesis. Este pepino de mar produce unos compuestos químicos llamados psolusósidos, que antes se había demostrado que matan bacterias y otras células. La idea es que estos compuestos podrían dar a los explantos una especie de escudo químico incorporado contra infecciones.
La hipótesis
Los psulusósidos, unos compuestos químicos únicos de esta especie, podrían ser los responsables de mantener el tejido vivo indefinidamente. Como una especie de antibiótico natural que evita que las bacterias lo descomongan.
medical_services Qué podemos hacer con esto
Más allá de lo fascinante que es desde el punto de vista científico, este descubrimiento tiene implicaciones muy prácticas. Potencialmente enormes.
Desde mediados del siglo XX, los científicos han usado líneas celulares "inmortales" como las famosas células HeLa para investigar. Estas células, tomadas de Henrietta Lacks en 1951 sin su consentimiento, pueden cultivarse en laboratorio y proliferar indefinidamente. Pero tienen problemas: necesitan condiciones estrictamente controladas, estériles, y plantean cuestiones éticas serias.
El potencial médico
Los tejidos de pepino de mar podrían convertirse en un nuevo modelo experimental para la investigación biológica. Más accesible, sin los obstáculos éticos de las células humanas o de otros vertebrados. Y lo mejor: solo necesitas agua de mar corriente.
Según los autores del estudio, las implicaciones para las ciencias biomédicas y la ingeniería son profundas. Estamos hablando de posibles aplicaciones en regeneración de tejidos, curación antimicrobiana, investigación sobre el envejecimiento...
También podría ser útil para investigar la salud oceánica. Al exponer estas células a diferentes temperaturas o patógenos del agua, los científicos podrían probar cómo el cambio climático afecta a la vida marina.
El siguiente paso, según Sara Jobson, será examinar la estructura del ADN de las células para ver si están envejeciendo después de replicarse. "Eso confirmaría si son verdaderamente inmortales o no", dice.
flag Lo que nos dice sobre la vida misma
Lo más interesante de este descubrimiento no es solo la aplicación práctica. Es lo que nos dice sobre qué significa estar vivo.
Los biólogos suelen pensar en los tejidos como partes dependientes de un organismo mayor. Un hígado sobrevive porque el cuerpo le mantiene el flujo sanguíneo, la protección inmunitaria, los nutrientes, la eliminación de desechos...
Estos tejidos de pepino de mar parecen violar algunas de esas suposiciones. No se convierten en organismos completos, pero tampoco son tejidos que se están muriendo. Parece que pasan a un estado simplificado pero auto-mantenido.
El comentario de los expertos
"Esto nos recuerda cuánto queda por descubrir en el medio marino y lo importante que es proteger estos recursos que podrían contener conocimientos realmente valiosos para nosotros", conclude Rachel Sipler.
Al final, lo que hemos encontrado es una criatura que vive en el fondo del océano, en la oscuridad, haciendo cosas que creíamos imposibles. Y ni siquiera lo estábamos buscando.
La próxima vez que alguien te diga que ya lo sabemos todo sobre la biología, ya sabes qué responder.
La moraleja de la historia
A veces, los mayores descubrimientos vienen de prestar atención a lo que pasa en un tanque de agua cuando nadie está mirando.
